ETA en España, Lucha Revolucionaria (LR) en Grecia, el Grupo salafista por el combate y la predicación (GSCP) en Argelia y Túnez, el Grupo islámico combatiente (GIC) en Marruecos, solo tienen en común algo esencial: su confianza ciega en la violencia criminal, instrumento para combatir el orden establecido a través del Terror.
Entre la marea negra de comentarios ideológicos que suscita el aniversario del 11-S neoyorquino, las 10 sugerencias del New York Times para evitar otro magnicidio semejante me parecen de una sensatez abrumadora.
Algunos clérigos y juristas musulmanes comparan los enfrentamientos cainitas de las distintas familias musulmanas que se disputan el liderazgo cultural del Islam, en diálogo o guerra santa, cruzada, contra Occidente (Israel incluido), con la guerra civil española, para mejor subrayar su condición suicida.
El incierto futuro de esa guerra civil, religiosa, jurídica y política, entre distintas familias musulmanas, afecta al destino de las civilizaciones y está hipotecado a las distintas interpretaciones teológicas del concepto de Velayat-e faqih (del persa) o Wilayat al-Faqih (del árabe), un término jurídico musulmán que, si entiendo bien, significa algo así como “conservadores de la jurisprudencia” o “gobierno del docto” (jurista, etc.).
Los autores de la matanza de Bombay pudieran ser miembros de un grupo terrorista islámico, partidarios del terror indiscriminado para combatir el control indio de Cachemira.
El Economist, que continúa siendo el semanario financiero más influyente del mundo, estima que “podemos estar asistiendo al fin de 40 años de terrorismo separatista vasco”.
Washington está perdiendo la guerra contra el Terror, a juicio de un centenar de especialistas consultados por Foreing Policy.
¿Cuáles son la principales que hoy amenazan la seguridad de la única superpotencia planetaria..? De entrada, la derrota en curso en el terreno de las ideas.