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De la guerra sucia al pimiento sucio, hay muchos pesticidas químicos y morales que todo lo pudren a su paso.
Frankfurter Allgemeine Zeitung destaca en su última página un análisis de Leo Wieland sobre las amenazas terroristas en España, Marruecos y Argelia, subrayando que la cooperación terrorista sigue siendo algo aleatoria, dejando mucho que desear. París y Washington se benefician de relaciones privilegiadas, cuando España continúa enzarzada en la crisis del antiguo Sahara español, víctima de los enfrentamientos entre el Polisario, Marruecos y Argelia, con España cogida en una trampa, que no siempre facilita la cooperación terrorista.
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En Argel, el Indépendent insiste en las denuncias saharahuis y argelinas contra la traición que, desde su óptica, habría consumado Rodríguez Zapatero, abandonando a su incierta suerte al Frente Polisario.
Otro terreno fascina sin que siempre se comprenda: la legislación en materia de memoria histórica. En Alemania, Die Welt y Der Tagesspiegel recuerdan relaciones de víctimas franquistas y no franquistas, maquilladas todas con el recuerdo de procesos y tumbas por reabrir, a gusto de unas partes y profunda amargura en el otro bando, reabiertas viejas heridas cancerosas.
Heridas terrenales de otra naturaleza, las del “pimiento sucio”, en Europa. Liberation publica una larga crónica evocando la consternación de los buenos productores de tomates y pimientos de Almería, víctimas del descubrimiento de “pimientos sucios”, atacados por pesticidas ilegales. “Los pequeños agricultores viven la crisis como una calamidad”, escribe François Musseau. Lola Gómez Ferron se percibe inquieta y voluntariosa: “La supervivencia de Almería, amenazada por los frutos y legumbres de Israel, de Marruecos, de Turquía, depende de la salida de esta crisis. A medio plazo, seremos los líderes en Europa”.
A los grandes bancos les van mucho mejor los negocios. Wall Street Journal afirma que el sector bancario español están en primera línea de las grandes fusiones que se van a operar en Europa. Veremos.