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Quienes sufren de manera pavorosa los estragos de la tragedia histórica contemplan con horror los esfuerzos legislativos españoles.
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En Burdeos, Sud Ouest escribe: “Muchos españoles han establecido un paralelismo entre la muerte de Pinochet y la muerte de Franco”. Agregando: “La Ley de la memoria suscita críticas violentas y contradictorias, alimentando una guerra de unos contra otros, cada cual con sus muertos”.
Como un eco, en Chile, al filo de esa actualidad, El Mercurio publica un amargo comentario de Cristian Warnken que escribe, ante el mismo debate de fondo: “¿Cómo el odio puede hipnotizar a tantos y travestirse tan eficientemente de argumentación racional, incluso moral?”. Para agregar: “El poeta Manuel Silva Acevedo intuyó genialmente, en un libro profético, previo a 1973, que nadie es inocente, que las ovejas de ayer serán lobos mañana”.
En Argentina, donde también se ha planteado la misma tragedia, la historiadora Hilda Sábato analiza el debate en Perfil, afirmando: “No estoy a favor de una verdad oficial sobre lo que pasó. No sobre los crímenes, sobre los que sí creo que tiene que haber una verdad oficial; sino sobre las causas y las consecuencias. Me parece que es algo que la sociedad debe procesar pluralmente.” [ .. ] “Operaciones que hace el Estado, operaciones que hacen los medios.” [ .. ] “Pero también distintos grupos ideológicos, que proponen versiones de la historia.” [ .. ] “En realidad, la historia es un campo de disputa.” [ .. ] “Hay un anacronismo total: buscar en el pasado las continuidades con el presente, no las diferencias. Y esto constituye un elemento muy reaccionario, ya que se desdibujan muchos rasgos de la historia reciente o de la actualidad, diluyéndolos en una especie de pasado que siempre fue igual. Es decir, la responsabilidad presente se diluye en la responsabilidad pasada. Para mí eso es muy reaccionario.”