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Las manifestaciones de unos encapuchados armados, afirmando que no cesarán su lucha hasta conseguir la independencia de una parte del territorio de un Estado miembro de la UE, inspira una profunda incertidumbre sobre el funcionamiento de las instituciones democráticas.
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En Alemania, la ZDF, segunda cadena de la tv nacional, ha emitido un gran reportaje que lo resume todo con una sola frase: “El sueño de vivir sin miedo”. El “angst” aleman que yo traduzco por miedo también puede producirse por angustia. La ZDF consagra mucho espacio a la visión de Iñigo Arcauz sobre la crisis y vida diaria, en el País Vasco. Arcauz no puede olvidar que su antecesor en su cargo público, Jon Urionabarrenechea, se vio obligado a abandonar su tierra, víctima diaria de amenazas físicas.
En París, Le Monde subraya que el anuncio de ETA había estado precedido por un inquietante “recrudecimiento de la violencia urbana”. Nouvel Observateur dice lo mismo con más brutalidad: “Desde hace semanas, jóvenes militantes habían intensificado sus acciones de guerrilla urbana”.
En el Reino Unido, la BBC subraya el “carácter desafiante” de la puesta en escena etarra, con profusión de gestos amenazantes, con armas de fuego. Por su parte, el Scotsman se pregunta si ETA “confirmará” las amenazas de los encapuchados que han hablado en su nombre, dejando en suspenso el fantasma de una posible escisión. En Irlanda, en Dublín, el Irish Examiner comenta que la renuncia expresa al abandono de las armas es un “signo espectacular” de los problemas que encuentra el “proceso de paz”.
En los EE.UU., el Washington Post comenta sin ironía que el gobierno español interpreta la amenaza armada como una “táctica negociadora”, cuando la UE y los EE.UU. continúan considerando a ETA como una organización terrorista.
En la Argentina, La Nación se limita a subrayar la gravedad de la puesta en escena de la amenaza de los etarras, afirmando “tener la sangre preparada para darla por una Euskalerría socialista”.
En otros terrenos, Frankfurter Allgemeine Zeitung comenta las críticas que caen sobre José María Aznar tras sus comentarios sobre el Islam. En Buenos Aires, Clarín comenta el caso de la televisión pública española, con gobierno socialista, pagando salarios de 48.000 euros a una nieta de Franco.