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La pareja de Ségolène Royal, candidata a la candidatura socialista a la presidencia de la República, y François Hollande, primer secretario del PS francés, encarna todos los fantasmas de las relaciones entre sexo y poder, incluidas las leyendas de aventuras extra matrimoniales y el riesgo de la destrucción de la pareja, rival y unida, al mismo tiempo, por la misma ambición devorante.
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Ségolène y François comenzaron a vivir juntos cuando ampliaban estudios, al final de los años setenta del siglo pasado. Ya se sabían llamados a entrar en la religión laica de la política, siguiendo un modelo canónico, el de François Mitterrand, que había comenzado siendo un joven de extrema derecha, fue ministro de muy variada filiación política, durante la IV República, antes de encarnar, imponer y conquistar el poder con el legendario proyecto de la “ruptura con el capitalismo” y la “construcción del socialismo a la francesa”, en 1981.
Ségolène y François no solo entraron en política siguiendo las huellas de la majestuosa ambición de Mitterrand. Ellos encarnan el credo fundacional de la ideología definitiva del primer presidente socialista de la V República: “El socialismo es todo lo que yo hago. Y yo hago todo aquello que me permite satisfacer mi ambición personal, sin techo ni límites”.
PADRE CORONEL, HERMANO ESPÍA MILITAR
Una flexibilidad tan absoluta, le permitió a la pareja hacer una carrera poco brillante pero ejemplar. François Hollande fue un fiel servidor y director de gabinete de las personalidades socialistas más antagónicas. Con una fidelidad de perro guardián, Hollande dijo si a todos los cambios doctrinales que Mitterrand impuso al PS durante catorce años de “reinado” solitario. Difunto Mitterrand, Hollande continuó creciendo a la sombra de quienes parecían tener otra estatura, Jacques Delors, Lionel Jospin, antes de morder el polvo de la derrota, dejando a Hollande el camino relativamente desbrozado que conduce hacia la ambición suprema.
Ségolène Royal, por su parte, se impuso así misma la misma e implacable flexibilidad. Primero, siempre fiel a Mitterrand. Luego siempre fiel a Jospin. Ahora, solo fiel a ella misma, cuando Jospin descubre, aterrado, que su antigua ministra puede “robarle” una segunda candidatura a la jefatura del Estado.
El arte supremo de la maniobra táctica, a corto plazo, eliminando uno tras otro a incontables rivales, se enriquece, en el caso de la pareja Ségolène – François, con una disciplina marcial en el comportamiento político, individual, amoroso. En el caso de Ségolène, la disciplina es un rasgo familiar: su padre fue coronel de artillería; y uno de sus hermanos hizo una gran carrera como espía militar, implicado en el legendario del escándalo de Rainbow Warrior (el barco ecologista hundido por el contraespionaje francés).
SEPARACIÓN DE BIENES
Unidos sentimentalmente desde su paso por la Escuela Nacional de Administración (ENA), datan de aquellos años todas las decisiones íntimas que han terminado por instalarlos en la cúspide del poder burocrático socialista, a la espera que el uno o el otro conquiste a paso de carga la presidencia de la República. Ambos siguen el modelo triunfante de François Mitterrand.
“¿Las convicciones políticas y morales profundas?”: demasiado peligrosas y arriesgadas. Ellos adoptarán la línea zig-zagueante de sus sucesivos mentores, zig-zagueando ellos mismos entre las sucesivas líneas oficiales del PS.
“¿Fundar una familia?”: un “corsé” demasiado poco flexible para quienes siempre han deseado ser “libres” en el terreno político. El concubinato, primero, y el modelo francés de Ley de parejas de hecho, el Pacto Civil de Solidaridad y Concubinato (PACS), ofrece un modelo administrativo mucho más útil para una pareja consagrada en cuerpo y alma a la conquista de posiciones en el campo de minas de la política profesional.
“¿El amor, el patrimonio familiar?”. Cosas demasiado aleatorias para políticos profesionales. La pareja Ségolène – François está unida a través de un PAC, pero incluso el patrimonio de la pareja, con cuatro hijos, se administra a través de una Sociedad civil inmobiliaria (SCI) (que ya tenía un patrimonio superior a los 900.000 euros, hace una década). La SCI es la fórmula administrativa francesa que permite a individuos, sociedades a riesgo compartido, o parejas de hecho, dividir y separar el patrimonio de los miembros de la sociedad, evitando cualquier tentación “sentimental” o “familiar”. Con algunas ventajas fiscales de fondo.
NUEVAS MÁSCARAS
Tras veintitantos años de oscura vegetación en los procelosos meandros de los pasillos de las sucesivas burocracias gubernamentales e ideológicas del PS, el dúo, al fin, ha podido comenzar a navegar con bandera propia, en el mismo barco que no sé si llamar “familiar”, pero jugando con dos barajas personales, complicando infinitamente el juego de los rivales socialistas a la candidatura a la presidencia de la República.
Si Ségolène triunfa, como pronostican los sondeos, y el PS termina por elegirla candidata oficial, en contra de la temible voluntad de los “elefantes” socialistas (la vieja guardia socialista, que contempla aterrorizada las maniobras de una de las antiguas “niñas bonitas”, preferidas por Mitterrand, en la sombra), François Hollande se convertirá en Señor Royal, candidato y posible presidente consorte.
Si Ségolène termina siendo víctima de las temibles embestidas de los “elefantes” socialistas, François Hollande tiene algunas papeletas importantes para ganar el premio de la candidatura oficial del PS, presentándose como candidato de consenso, el “único” hombre capaz de conseguir la unidad de los socialistas, contra Nicolas Sarkozy.
RUMORES DE AMORÍOS
Ante las tentaciones del poder absoluto y los palacios de la República, incluso las parejas más unidas están sometidas a tensiones imprevisibles, temibles, inquietantes, ya que muy otras ambiciones se cruzan en su camino, con ánimo asesino. ¿Qué se dicen en la intimidad del lecho Ségolène y François? De entrada, deben curarse el uno al otro las heridas, ya que ambos comienzan a ser víctimas de oscuras campañas de un alcance imprevisible.
Ségolène Royale ha sido la primera candidata a la presidencia de la República que ha aceptado ser fotografiada en un bañador de dos piezas, luciendo una figura de señora de buen ver. Esa es la parte rosa y elegante de la historia. La parte oscura, feroz, angustiosa, quizá, es la profusión de rumores evidentemente incalificables anunciando su relación sentimental con un antiguo director general de una gran empresa automovilística nacional. Rumores que incluso han saltado a las páginas volanderas de algunos gratuitos.
Rumores de imposible verificación, indisociables de las historias no menos oscuras de una posible relación sentimental entre François Hollande y una dirigente socialista hija de un emigrante español… rumor que todas las partes rechazan con un gesto de manos de la más extrema irritación, pero que también ha saltado a las páginas de la prensa gratuita, causando los estragos propios de la maledicencia.
Quizá sea la primera vez en la historia electoral de Francia, durante el último medio siglo, que la marea negra de los rumores toma este cariz descarnado, brutal, rozando la difamación.
¿MADRE FÉLIZ? ¿AMANTE MODERNA?
La peripecia personal de Ségolène Royal ha podido atizar las más bajas pasiones. La nueva Ségolène que triunfa en los sondeos es una mujer joven, ecuménica, haciendo guiños a la derecha, a la izquierda, a los camioneros, a las jóvenes emancipadas, a los patronos, a los socialistas reformistas. Pero hay quienes recuerdan que la misma Ségolène fue capaz de presentar una querella judicial contra su propio padre, exigiéndole que le pagase unos estudios que su padre, militar de carrera, se negaba a pagar, por oscuras venganzas familiares. El rostro rosa bombón de Ségolène es el de una señora en bicicleta, luciendo piernas y escote, hablando de galaxias ecologistas. El rostro negro de Ségolène es el de una jefa marcial contra la que se querellan antiguas subordinadas, ante los tribunales de justicia, acusándola de “comportamientos abusivos” y poniéndole el mote de “Zapa Terror”, tras haber sido tratada de “zapatera prodigiosa”.
¿Cuál de esas imágenes terminará triunfando? En verdad, en Francia, el candidato o candidata a la presidencia, sea Ségolène o Señor Royal, debe ser capaz de salvar esas y otras muchas trampas. Los “elefantes” del PS todavía creen que pueden frenar su carrera, proponiendo “debates” de fondo. Ségolène y François han elegido otras vías de conquista del poder supremo. Él encarna la vía burocrática tradicional: la del hombre de aparato que consigue ir eliminando a todos sus rivales (esposa incluida), perdiéndolos en el laberinto del partido. Ella juega la carta de la opinión pública contra el sendero trazado por los “elefantes”. Esa carta solo tiene un riesgo: la opinión pública es insaciable y siempre está sedienta de emociones fuertes, condenando a Ségolène a interpretar los papeles más antagónicos: madre feliz, madrastra, amante moderna, mujer de mundo, hormiguita burocrática, defensora de principios no siempre compatibles, mano de hierro, guante de seda, hermana de la caridad con una ambición sin límites. Etc.
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