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La diplomacia española se ha instalado en una posición periférica con respecto a las posiciones dominantes en Europa sobre Oriente Próximo.
En París, Le Monde subraya la comunidad estratégica de puntos de vista entre Washington y París: “Chirac y Bush desean neutralizar a Hizbolá”. Mientras Zapatero y Moratinos comenzaron denunciando la “escalada desplegada por Israel contra el Líbano”, Le Monde insiste: “Francia es solidaria con el Líbano, sin condenar a Israel”.
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En Londres, la BBC desmenuza las sutilezas diplomáticas de las potencias dominantes, muy alejadas de la posición española: “La clave de la solución es el deseo común de eliminar a los elementos extremistas y a quienes los apoyan, para impedir que hundan Oriente Medio en el caos”. En el lenguaje codificado de la diplomacia, subraya la BBC, los “elementos extremistas” son Hamás e Hizbolá, y las potencias que los apoyan y manipulan, Siria y Teherán.
El Herald Tribune publica un editorial del New York Times, que afirma: “Los beneficiarios de la extensión de la guerra son Irán, Siria, y los grupos islámicos armados que ellos apoyan”.
En Alemania, Süddeutsche Zeitung destaca las declaraciones de Daniel Cohn-Bendit, vicepresidente ecologista del PE que, poco confiado en la eficacia de Javier Solana, ha pedido a Angela Merkel que envíe a Israel y el Líbano a Joschka Fischer, ex ministro alemán de asuntos exteriores, “que cuenta con la confianza de Israel y los palestinos”. En Viena, Die Presse publica una entrevista con un especialista reputado, Michael Lüders, afirmando: “Los islamistas de Oriente Medio son una amenaza universal”.
Hay otros temas menos problemáticos. Financial Times cita las críticas crecientes contra el “nacionalismo económico” que, a su modo de ver, “está haciendo fracasar el mercado único europeo”. España ocupa un buen puesto entre los Estados criticados.
Tema obsesivo: las divisiones a flor de piel que continúa suscitando el recuerdo de la guerra civil. Guardian, Nouvel Observateur, Le Figaro, el Times, vuelven a la carga con esa grave rémora.
En el terreno de los recuerdos optimistas, en Berlín, Die Welt comenta con entusiasmo la siempre nueva versión de Plácido Domingo de “Luisa Fernanda”, que el matutino alemán asocia al recuerdo de la gran música española del siglo XX, de Albéniz a don Manuel de Falla.