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Ante el conflicto de Líbano, la diplomacia española se percibe gesticulante, en el bando europeo menos influyente.
En París, La Tribune presenta las posiciones de este modo: en el bando de los Estados que desean que la UE “vaya más lejos” en sus presiones contra Israel, se encuentra países como España, Bélgica, Chipre, Malta, Suecia y Finlandia; el bando que bloquea un texto duro contra Israel está liderado por las dos potencias más influyentes de Europa, Alemania e Inglaterra, apoyadas por Estados del Este, como la República checa. Francia, por su parte, hace la “guerra” por su cuenta: enviando a su primer ministro a Beirut.
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El International Herald Tribune, que edita en París el New York Times, presenta a Tony Blair (hostil a una declaración dura contra Israel) haciendo frente común con Kofi Annan, secretario general de Naciones, proponiendo una fuerza multilateral de interposición, en el Líbano. Ante esa posición de “diplomacia armada”, la posición oficial española se percibe en Washington, en la National Review, como ilusoriamente “pacifista”.
El pacifismo gubernamental español, a uso diplomático internacional, se percibe mucho más “belicista” en la escena nacional. En Hamburgo, Der Spiegel publica una larga crónica sobre las secuelas políticas actuales de la guerra civil. Por su parte, el Washington Post comenta las mismas secuelas preguntándose si España no prefiere “guardar silencio” sobre la guerra civil.
No menos acalorada es la percepción internacional de la meteorología veraniega. La BBC inglesa estima que caminamos hacia otro record histórico de temperaturas. Por su parte el Telegraph londinense prefiere destacar el “doble lenguaje” gubernamental en el terreno de las políticas energéticas: muy ecologista en la retórica diplomática oficial, pero muy poco respetuoso en la práctica del control de la polución industrial.
En Londres, igualmente, el Guardian establece un doble paralelismo entre las tensas relaciones entre Madrid / Barcelona y Londres / Edimburgo. El Guardian considera “curiosas” las históricas tensiones entre ese doble dúo de grandes ciudades, enfrentadas por razones que tienen muchos flecos, nacionalistas y de otra índole.
En el terreno económico, Financial Times comenta con irónico laconismo las ilusiones y riesgos que pesan sobre la zona euro y España, “un país que pretende tener una economía sana, cuando vive instalado en su burbuja inmobiliaria”.