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Gargallo y la escultura que vendrá

26 Apr 2007, by Quiñonero, Categories: Arte

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Masque de Greta Garbo à la meche (1930). Dimensiones: 25,8 x 19,2 x 12 cm. Técnica y materiales: Forja y recortado en Chapa de hierro forjada, recortada y patinada. Pieza única. MNRS.

[06/04/01 18:18:03] Majestuosa retrospectiva (1) de uno de los patriarcas-fundadores de la escultura contemporánea, invitándonos a preguntarnos si no es él quien encarna, mejor que el dúo Julio Gonzalez-Pablo Picasso, el camino de la escultura que vendrá, mañana.

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Del diálogo, bien historiado, entre Gonzalez y Picasso, nos queda que el primero inició al segundo en los secretos de la soldadura autógena, mientras que el segundo arrastró al primero hasta los acantilados y peligrosísimos precipicios de la desaparición de la figura humana. Se trata de una aventura faústica y bien repertoriada en la historia del arte contemporáneo.

Del diálogo entre Gargallo y Picasso todo está por historiar. El zaragozano nunca se dejó seducir por el malagueño, que nunca llegó a poseer la maestria de su antecesor en las artes de los metales forjados. Gargallo no solo se negó a enseñar a Picasso unas disciplinas que exigen el más alto rigor técnico y estético: exploró, el primero, unos territorios inmateriales que la escultura contemporánea tardaría varias décadas en descubrir y apenas comenzamos a explorar en sus inmensas proporciones insospechadas.

La Pequeña voluptuosidad arrodillada (terracota de 1907) es una joya bellísima y diminuta, donde se confunden la turbadora voluptuosidad modernista, adulando y abandonándose a todas las pasiones y placeres prohibidos, y el rigor apolíneo de la tan distinta tradición noucentiste, que aspira a construir y reconstruir un canón mediterráneo. Hasta aquí, Gargallo y Picasso comparten la misma búsqueda y revelaciones.

KIKI, GRETA Y OTRAS ESTRELLAS

La Maternidad (bronce de 1922), la Mujer acostada (plomo de 1923) y la Mujer descansando (bronce de 1922), entre las obras presentes en esta exposición, marcan una línea de ruptura definitiva. Picasso y Gargallo han transitado por los misteriosos caminos descubiertos por las estéticas cubistas. El malagueño se precipitará en la impenetrable oscuridad que lo conduciría temporalmente a la abstracción. El zaragozano está descubriendo un territorio único, propio e indisociable de lo más hondo de su legado personal: el arte de esculpir el vacio, la exploración del espacio inmaterial donde la creación echa nuevas raíces.

En un terreno puramente técnico, Gargallo es el primero en utilizar los "huecos", el "vacio", creado por sus formas, en metal, para fraguar nuevos volúmenes y figuras. La célebre Kikí de Montparnasse (bronce dorado de 1928) y la Máscara de Greta Garbo (hierro de 1930, propiedad del Reina Sofia, que lo ha prestado, excepcionalmente, para esta retrospectiva) ilustran ese proceso histórico y estético de la manera más jubilosa y radiante. No hay ningún volumen en esas esculturas, que son pura línea, figuras, creando la ilusión de un volumen. Los Angeles de Julio Gonzalez son ángeles caidos, figuras sin rostro, arquetipos del hombre descarriado y sin identidad. Las estrellas de Gargallo tienen rostro y figura humanas: su falta de volumen, su carácter incorpóreo, hace más evidente la materialidad carnal de esas figuras del espíritu.

EL ÁNGEL DE LA HISTORIA

Mientras Picasso se abandona a la lujuria de las formas, sin detenerse para mirar hacia atrás y contemplar el paisaje de ruinas que deja a su paso, Gargallo trabaja años y años en una misma línea, incluso en una misma y única obra. El gran profeta (bronce de 1933, propiedad del Centro Pompidou, que también ha deseado colaborar en esta muestra excepcional) es la culminación más conocida de ese proceso de disolución y reinvención de las formas.

Los profetas, arlequines y bacantes de Gargallo son una síntesis excepcional de varias corrientes fundacionales del arte contemporáneo.

El carácter riguroso, apolíneo y arquitectónico de esas obras viene del noucentisme catalán, aspirando a reconstruir un orden una relación armónica entre todas las cosas creadas.

El vaciado arquetípico de esas figuras aéreas viene del cubismo analítico: las líneas de la obrar de arte componen una constelación de signos que también es un doble de la geometria celeste.

La desaparición de los volúmenes, que fueron, durante siglos, el atributo esencial de la escultura, tiene el mismo origen que la abstracción lírica y geométrica de Paul Klee: desaparecen las figuras, caidas en el torbellino de la historia, que todo lo devora, pero esa caida deja la huella, el trazo, de los seres que se fueron, el Angel de la Historia, en el caso de Klee, los arlequines y bacantes de Gargallo, que se salvan, intactos, de la voracidad saturnal del tiempo.

CAMPOS ENVENENADOS

Picasso coquetea, por momentos, con la muerte del arte. Todo es posible. En su caso, la muerte misma del arte, como lo prueban algunas de sus crucifixiones, anuncia un calvario más trágico y atormentado La creación picassiana posee la dimensión infernal del descenso permanente a los infiernos y abismos de la creación y la muerte.

Gargallo, por el contrario, no duda jamás. El es, como Ramón Gaya, un creyente en la religión del gran arte. Antes que nada, el arte es un oficio. Oficio material, donde el artista se inicia en el aprendizaje, cultivo y transmisión de una tradición milenaria, cuya pérdida seria catastrófica para el oficio mismo de vivir. Y oficio espiritual y religioso por excelencia: el artista, el escultor, da vida, confiere un alma, a la materia, la piedra, el mármol, el hierro, el bronce, estableciendo una nueva relación moral, ética y estética, entre los desórdenes de la historia y la determinación del creador empeñado en construir una morada digna y limpia donde llegar a ser hombres, con dignidad, entre otros hombres de la misma e intachable dignidad.

Sin duda, el elogio dionisíaco de todas las libertades, sin orden ni medida, al viento de todas las pasiones, donde acaba imperando la ley de la selva, pudo parecer muy atractivo para las generaciones que deseaban romper con las tradiciones más yermas y anquilosadas. Pero nosotos asistimos al cataclismo sin fronteras de quienes han convertido ese abandono sin rigor ni disciplina en meras chucherias desalmadas, con las que la especulación inunda y envenena los campos que en otro tiempo pertenecian a la tradición amenazada del gran arte.

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(1) PABLO GARGALLO. Retrospectiva. Hotel de la Monnaie de Paris, 16, Quai Conti.

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