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[24 nov. 05] El dinamismo español suscita admiración en Europa. Pero, paradójicamente, los más sólidos apoyos provienen, en ocasiones, de personalidades conservadoras, poco, nada o mal apreciadas en los círculos gubernamentales españoles, enrocados en posiciones inmovilistas tradicionales.
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“La economía española continúa creciendo a un ritmo tres veces superior a la media de la zona euro”, comenta con admirativo laconismo La Tribune. El Times de Londres lo dice de otro modo: “España tiene las mejores perspectivas de crecimiento de los últimos cuatro años”.
Aliados oficiales, Jacques Chirac y Gerhard Schröder, se han servido del dinamismo español para justificar el recorte de los fondos europeos concedidos a España. Una personalidad conservadora austriaca, Benita Ferrero-Waldner, comisaria de relaciones exteriores de la Unión, defiende con claridad algunas peticiones españolas: “Europa debiera duplicar sus ayudas a los países Mediterráneos de la frontera sur de la Unión”.
El tono admirativo de la Tribune, comentando la solidez del crecimiento económico español, a pesar de las turbulencias políticas, poco propicias, parte de una situación nacional catastrófica: Francia está al borde de la bancarrota presupuestaria, con un crecimiento de apenas el 2 por ciento (casi la mitad más bajo que el español) y un rosario de crisis superpuestas.
El Times, por el contrario, se pregunta si influirá negativamente en el dinamismo español la pérdida de los fondos europeos. En ese plano, el apoyo estratégico de Benita Ferrero-Waldner, una señora atractiva, de armas tomar, de un conservadurismo sin falla, tiene una importancia mal valorada en Madrid: ella está proponiendo invertir dinero en las relaciones fronterizas de la Europa del Sur, cuando la nueva Alemania de Angela Merkel ‘amenaza’ con hacer oscilar hacia el centro y el norte el nuevo centro de gravedad europeo.