| « Francia y Alemania se movilizan contra BCE | Se degrada la imagen de Zapatero » |
[18 nov. 05] El Congreso del PS francés pone de manifiesto la balcanización aguda de los socialismos europeos y la singularidad propia de los socialismos españoles, con escasos paralelismos y aliados dentro de la UE.
Follow up:
Reunidos en Le Mans hasta el domingo, los socialistas franceses intentan y quizá consigan una síntesis artificial para salir de una crisis que tiene estos matices:
El 65 por ciento de los franceses estiman que el PS no tiene proyecto nacional, se teme que se haya transformado en una “máquina productora de fracasos” y los observadores internaciones se preguntan si realmente existe la oposición socialista.
El voto masivo de los electores socialistas contra el proyecto de Tratado constitucional europeo precipitó divisiones fratricidas y la misma integración de socialistas mestizos o de raza negra llega a crear problemas.
En el marco europeo, los socialismos españoles tienen rasgos diferenciales propios.
En la UE, los grandes aliados de JLR Zapatero han sido Jacques Chirac, el adversario natural del PS, y Gerhard Schröder, cuya línea política ha sido criticada con severidad por el nuevo equipo del SPD alemán.
El socialismo laborista de Tony Blair ha sido criticado por los más altos cargos del gobierno español en términos muy agrios, mientras que los socialistas franceses consideran a Blair como una suerte de ‘liberal peligroso’.
En Italia, el arco iris de las izquierdas está liderado por un antiguo demócrata crirstiano que descubrió una tímida fe socializante (Romano Prodi).
En Alemania, la izquierda socialista está dividida en no menos de cuatro grandes familias: antiguos comunistas, izquierda de la izquierda del SPD, y nuevo equipo que ha derrocado a la vieja guardia de Schröder.
Y, desde Europa, los distintos socialismos españoles tienen perfiles ‘reciamente hispánicos’:
--Desde Francia, el federalismo asimétrico de Maragall es algo incomprensible.
--Desde cualquier capital europea, el lenguaje corolorista de Rodríguez Ibarra no es de recibo.
--Desde Europa, Pedro Solbes, ministro de economía y vicepresidente segundo del gobierno, es muy respetado, desde distintos ángulos. Cuando era miembro de la Comisión, los socialistas franceses no soportaban su “rigor”. Ayer, Nicolas Baverez, historiador y economista, me comentaba: “¡Ojalá tuviéramos en Francia un ministro tan conservador como él...!”.