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[11 nov. 05] Los incendios y violencias suburbanas continúan decreciendo significativamente en París y el resto de Francia. Pero el control provisional de la crisis deja sin solventar muchos problemas inflamables que pueden volver a estallar en cualquier momento:
Follow up:
--Francia está peor preparada para las crisis étnicas que la mayoría de sus vecinos.
--Los síntomas de descomposición del tejido social francés siguen siendo alarmantes y pueden terminar por precipitar llamaradas terroristas.
--Más allá de los guetos tradicionales, islámicos o sociales, la crisis ha revelado otros sectores en cólera creciente, negros de los departamentos franceses de ultramar (Guadalupe, Martinica), apoyados mujeres jovencísimas que piafan por “comprometerse”...
A pesar de la cautela e inquietud, La Tribune no teme la “exportación europea” de la crisis de los suburbios, por razones muy simples: el urbanismo alemán es menos favorable a la criminalidad, mientras que el abismo cultural entre inmigrantes y autóctonos es mucho menor que el francés. Inglaterra, “país de respeto de las diferencias”, ha sabido aplicar políticas contra la exclusión. En Holanda, la realidad social es meno discriminante.
Por su parte, el historiador y politólogo Nicolas Baverez hace un análisis feroz de la crisis: “Tras la trombosis social de 1995, la quiebra cívica del 2002, y el motín electoral del referéndum europeo de mayo último, las violencias urbanas de este otoño son una nueva ilustración de la crisis y descomposición del tejido social de Francia”.
Baverez teme que Francia se esté convirtiendo en un “pudridero” social, donde pudiera terminar floreciendo una modalidad nacional de terrorismo islámico, consecuencia última de factores de este tipo: “bloqueo de los vectores tradicionales de integración” (escuela, empresa, etc), “emergencia de una forma francesa de apartheid”, “crisis generalizada de todos los modelos europeos de integración”.
Por su parte, Liberation pone el dedo en otra llaga imprevisible: la emergencia de una nueva generación de mujeres que contemplan el espectáculo de la crisis y se dicen “dispuestas” y “ansiosas por participar”. Se trata de adolescentes con hermanos mayores que han participado en las violencias, nacidas en Francia de padres originarios de la Guadalupe, la Martinica o las antiguas colonias africanas, blancas, negras o mestizas, mal integradas en la escuela pública, muy “liberadas” comparativamente con respecto a las jóvenes musulmanas.